EN NOMBRE DEL HOMBRE

El sexo no es la única cosa sexy en la que podemos pensar durante todo el día. Es por eso que hay días en los que hombres y mujeres, simplemente no queremos que nadie nos toque. Y otros en los que queremos hacer de todo, en cualquier parte.

Pero la cuestión es que, aunque afortunadamente hemos evolucionado mucho y comprendido la igualdad de género en nuestra sociedad. Seguimos cargando con una pesada herencia de estereotipos y marcados roles. Y seguimos esperando que “uno proponga y el otro disponga”.

No solo las mujeres hemos sido las grandes víctimas. Porque sí que nos han llenado de ideas equivocadas e inseguridades. Los hombres también han sido castigados.

A ellos se les ha forzado a llevar siempre la iniciativa, a ser grandes conquistadores, a ser hombres muy “hombre”, a ser súper dotados y los mejores polvos del mundo.

Y mientras nosotras sufrimos por vernos muy sensuales y complacientes. En el caso de ellos, además de sentirse presionados por “el tamaño” o “la eyaculación precoz” deben encontrar la fórmula secreta para que la mujer pueda llegar al orgasmo.

Lo cierto es que algunas chicas hemos dejado en manos de nuestras parejas la búsqueda de nuestro propio placer y nuestros orgasmos. Y cuando no nos sentimos plenas, nos frustramos, exigimos y hasta nos separamos. Y todo porque el hombre no cumple con nuestras expectativas.

 

¿Por qué las mujeres esperan tanto del otro?

Para nadie es un secreto que gran parte de la población femenina aún tiene dificultades para conseguir un orgasmo. Porque muchas mujeres no se conocen. No han explorado lo suficiente sus cuerpos. No han descubierto lo que les gusta y cómo llegar correctamente a sus orgasmos. Y algunas ni siquiera se han atrevido a masturbar, dejando esta tarea en manos de otros. 

En el sexo -como en todo en este mundo-, se debería tratar de hacer el amor y no la guerra. Centrarnos menos en las tareas individuales y más en lo que podemos disfrutar juntos. Los hombres no son juguetes sexuales. No tienen que funcionar cuando nosotras queramos, durar toda la noche y tampoco complacernos en todo. Y es que ¿quién puede complacernos en todo a las mujeres?

El ser humano folla, pero sobre todo falla. Todos cometemos errores en todos los aspectos y no solo en el ámbito sexual. Así que el tal amante perfecto no existe. Pero sí existen los buenos amantes. Y seguramente se han esforzado por serlo, tratando de entendernos hasta el cansancio.

Este es un manifiesto en favor de los hombres, para que se sientan libres de decir “no quiero”, sin miedo a sentirse débiles o menos hombres por hacerlo. Y para que también dejen de esforzarse irracionalmente por interpretar a sus parejas y mejor se atrevan a preguntar, a sugerir y en definitiva, a hablar las cosas.

También es un llamado para que nosotras nos conozcamos mucho más y de paso les ayudemos a ellos a querernos mejor.

 

Publicado en Blogs ELESPECTADOR.COM

 

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